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El Guerrero Mortal y la Princesa del Infinito

  • 4 mar 2025
  • 1 min de lectura

Bajo un cielo de Aules cristalinos,

cabalgó el Guerrero de cicatrices y espinas,

mientras la Princesa, tejedora de destinos,

bordaba blancos en lunas argentinas.


Su amor fue un puente entre agujeros negros,

donde el tiempo muerde su propio fulgor;

él, mortal, temblaba ante el enigma eterno,

ella, infinito, le nombraba «su flor».


Juntos cruzaron tierras de sombra y fuego,

planetas que gimen canciones de hielo,

cielos rotos en llanto de arcángel ciego,

y mares de estrellas navegando en un velo.


En viajes innúmeros su alianza florece:

él bebe de su pecho la eterna raíz,

ella aprende a sangrar cuando el mundo fallece…

Así funden sus huellas en el multiversal matiz.


Los Blancos Haecr son versos del Misterio,

mapas que solo sus almas leerán;

él, guerrero que abraza su fin como imperio,

ella, princesa que el caos despertará.


Y aunque agujeros negros devoren su historia,

quedará el poema perfecto en su unión:

ella es la aurora, él la fugaz memoria…

¡El amor que trasciende toda dimensión!


 
 
 

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